Jueves, 01 de septiembre de 2011

La dama de la noche

 

Ella gritaba en su alma atreves del silencio; mientras mis besos le quemaban la piel. Esos tristes besos del silencio que ya no eran verdaderos. Tan solo peces dorados nadando en mi imaginación; al mirar los ojos del poeta el escalofrió de su tristeza embriagaba mi alma. Con esa confesión no quise preguntarle nada. Sin embargo el prosiguió su relato. Ella como las doncellas de la noche, aparecía entre los hermosos bosques del sector, su automóvil como ráfagas de fuego pero tan silencioso como el engaño, aparecía en medio de la nada. Sus ojos celestes y su cabello rubio, parecían como si el fuego del infinito universo y los océanos de la tierra se hubieran unido sexualmente y de ellos hubiera nacido ella. Su boca rojiza como las rosas, su piel como las cordilleras, sus cabellos como fuertes caballos indomables se mecían en su cintura. Cada vez que salía del automóvil me extendía sus brazos y yo semejante a los niños me aferraba a su pecho. La riqueza en su mano derecha, el amor en la izquierda y mis miradas en su corazón. Orlando decía ella; me amas? Preguntaba sin cesar. Desde que tus ojos vieron la luz del día y el firmamento de las noches te hizo mía.  Claro que sí, porque lo dices amada mía? Contestándome me dijo: Porque a veces siento que me extrañas, que bebes mis palabras y al suspirarlas no puedes olvidarlas. Una noche vendrá cuando el país deba abandonar, entonces el amor celestial en medio de la nada yacerá, semejante al cadáver de las melancólicas manzanas que no tienen quien las beba. Amarte puedo, pero tenerte a mi lado es imposible, el éxito de mi demanda lo contrario. Sonriéndole le dije: deja que tu alma vuele cual ave infinita en medio de las aguas, sin embargo deja que esta noche seas mía. Cual sirena nadando en medio de mis ojos se sumergió entre mi piel y me hizo fundirme entre el infinito universo de los océanos terrestres de su ser. Después desapareció con el empresario. Lo mire y no logrando contener la risa le pregunte ¿y esto es motivo para que brillen de tristeza tus ojos? Me contesto, la tristeza es que la nueva doncella vuele tan lejos que las alas del viento rasguen sus vestidos y tan solo me dejen su aroma. De repente una mujer más joven, exitosa, amante del poder y las letras; meció suavemente sus mejillas en la boca del poeta y le dijo: el éxito demanda de mí lo contrario, a mi lado te quiero. Entonces levantándose me miro, y con una sonrisa me dijo: ¿y esto es motivo para que brillen de tristeza tus ojos?  La última noticia que tuve del poeta, fue que mientras ella escribe tiernas poesías y administra sus negocios él bebe su vino, alejado del bullicio y dedicado por completo al ocio de la contemplación escribe estos poemas ¡Y yo su poema doy fe de haber sido escrito por su mano!  Autor: José Orlando Melo naranjo


Publicado por orlandomagno7 @ 23:53
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