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La musica colombiana
Vida de un Músico Colombiano[1] Guillermo Uribe Holguín [2]
XVII Año de 1923 Elaño de 1923 fue de lucha incesante. A cada paso artículos, que tal vezfue error mío contestarlos todos, con ataques personales y sin ningúnfundamento; chismes; dificultades de todo género; una vida de desagrado. Unade las causas que motivó ese espíritu de reyerta, fue la conferenciaque dicté en el Conservatorio el 3 de agosto, sobre la músicanacional, conferencia que, aunque publicada en una Revista musical, fuemuy poco conocida, puede decirse nada, porque dicha Revista, aunquemuy interesante, carecía en absoluto de lectores. Mis detractores lainterpretaron a su guisa, declarando de una vez para siempre que yohabía negado la música nacional, axioma que pasará a la historia paraescarnio mío. Este fue mi discurso: Conferencia [3] “Eltema que me propongo tratar se presta a tantas consideraciones dediverso orden, que su completo desarrollo no podría ser objeto de unasola conferencia. Básteme, en consecuencia, abordarlo de manerabastante sintética. “Havenido acentuándose cada vez más en estos últimos tiempos, lapropaganda en favor del arte nacional. Es casi una moda hoy abogar porél, anteponiéndolo algunos críticos a toda otra forma de producción.Para ellos obra que no entre en el molde calificado de nacional, esobra extranjera y advenediza, indigna de buena acogida. Cuál será laindignación que produce a estos leaders del nacionalismomusical, la herejía que Gluck se atrevió a lanzar cuando dijo:‘buscando ambos (él y Rousseau) una melodía noble, fácil y natural, yuna declamación exacta de acuerdo con la prosodia de cada idioma y elcarácter de cada pueblo, quizás hubiéramos podido lograr hacerdesaparecer la ridícula distinción de las músicas nacionales’. Sin irtan lejos, un moderno tratadista escribe: ‘Siendo como es el arte, elresultado de una aspiración hacia el ideal, es común a todos loshombres y, en principio, no conoce patria’. “A mi modo de ver, se establece muy comúnmente una confusión entre lo que es música nacional y música popular. “Laprimera es sin duda la que pertenece a un país determinado; la que esobra de los compositores nacidos allí. Así se dice: música alemana,francesa, etc. Puede afirmarse que no ha existido nación sin música: Demodo que en todas hay, y ha habido, música nacional, buena o mala,interesante o no, según el genio y la maestría de los autores que laproducen. El valor musical de un país es constantemente variable, comolo es su capacidad intelectual en cualquier ramo. Un día fue Italia elamo del mundo en achaques de arte; Alemania tuvo la supremacía musicalen la época que va de Juan Sebastián Bach a Ricardo Wagner; a Franciaha tocado en estos tiempos el título de honor en la producciónsinfónica desde César Franck para acá. “Enlos primeros siglos del arte la nacionalidad es factor casiinapreciable. Me refiero a los más antiguos documentos musicales deque se dispone para el estudio, el canto gregoriano en primer lugar.El canto popular se distingue desde un principio por su ritmo máscadenciado, apropiado a la danza, pero tampoco reviste en aquellasépocas condiciones particulares según el país de origen. Y lo mismoocurre más tarde con la polifonía. Llámese flamenca o francesa,italiana, española o alemana, el fondo y la forma son más o menos losmismos. Pero hay algo más curioso; los aires de danza, que originaronlargo tiempo después la suite, y cuyos mismos nombres demuestran losdistintos países de que provienen, son usados aquí y allá porcompositores de diferentes nacionalidades. La música sigue teniendo elmismo carácter universal, aunque ciertas particularidades, más bien deraza, principian a acusarse más o menos definitivamente. Poco a pocovan surgiendo las distintas formas de la música pura, derivadas lasunas de las otras como las ramas de un mismo árbol. Ningún elementonetamente nacional puede distinguirse allí. Fuga, suite, sonata,concierto, son manifestaciones de un común esfuerzo hacia lo bello. “Enel campo dramático-musical sucede algo análogo, hasta que Italia creala ópera y la impone al mundo como la concibió. Son necesarios muchosaños para que este género, netamente italiano, venga a trasformarserevistiendo algunas veces caracteres propios de nacionalidad. “La crítica distingue generalmente tres grandes escuelas: la italiana, la alemana y la francesa, y varias otras secundarias. “Sinduda la italiana se caracteriza por su fluidez melódica; la alemanapor su solidez y polifonismo; la francesa por su equilibrio yproporción. Pero cuántos elementos son comunes a todas las escuelasy qué arduo fuera fijar la marca, el sello que las separa! Un Bachtranscribe los conciertos de Vivaldi, quien no faltaría los creyera deaquel. Un Lully da a la ópera francesa su ser definido. Un Gluck no sesabe por fin si es más italiano que alemán, o el más francés de todoslos franceses. Todavía en los tiempos modernos podrá darse un alemánmás alemán que el ruso Rubinstein, o el también ruso Tschaikowsky?Ahora mismo, que el elemento nacional en arte parece haber ganado tantoterreno, no encontramos música española escrita por Rimsky Korsakow,ruso, por Debussy o Ravel, franceses? No se comprendería semejantecambio de sensibilidad en genios de esa talla, o esas sus obras a quehago referencia resultarían caricaturas, si fuese cierto que elartista no puede ser sino hijo exclusivo de su propio medio y escribirúnicamente en su lengua materna. Podrían negarse el valor y la bellezade un paisaje oriental que fuese pintado por un artista del Norte? Noescribieron d’Annunzio uno de sus mejores dramas, en francés, y OscarWilde su famosa Salomé en ese mismo idioma? El músico puede procederde igual suerte, y así ha procedido. El mismo Beethoven echó mano detemas rusos, por ejemplo, en algunas de sus obras. “Contodo, hay un valor que es innegable: la tradición. Esta es una fuenteseguramente benéfica para cualquier creador de obras de arte. En latradición encuentra el genio su punto de partida, aunque los mediosde que disponga al presente sean muy distintos, y aún contrarios enapariencia a los que iniciaron sus primeros precursores. En arte no haytales revoluciones, sino una constante evolución en que vuelve lo queparecía abandonado, bajo forma nueva, a veces casi inconocible. Lamelodía de Pelleas es una descendiente directa de la gregoriana, delmismo modo que la gran variación moderna tiene un origen no menosantiguo, según lo ha demostrado claramente d’Indy. La música popular “Estudiemos ahora qué es la música popular. “Sedenomina así la que es propia del pueblo; la que le es peculiar. Músicacasi siempre anónima, que brota no se sabe dónde y al punto esasimilada por la gran masa. “Lamúsica popular se distingue por cualquiera de sus elementosconstitutivos, y aún por su misma instrumentación, peroparticularmente por el ritmo y la melodía, porque la armonía es unelemento complejo, comúnmente inaccesible al que no es profesional.Empero, la misma armonía, y con más frecuencia las escalas, ymodalidades, son en algunos casos característicos en esta música. “Todopueblo ha tenido música popular. Importa ver hasta qué puntorepresenta esa música un valor efectivo para el compositor consciente,valor aprovechable para la construcción de obras verdaderamenteartísticas que puedan perdurar. “Siechamos una mirada al más remoto pasado de la Historia documentadade la música, fácil es notar cómo las canciones de la primera épocasufren la influencia del canto sagrado, el cual a su turno viene apopularizarse, digamos, en los himnos y las secuencias. Y esta nobleinfiltración se hará notar más tarde en las formas polifónicas. “Elelemento popular tomará más fuerza luego, introduciéndose en el artesinfónico por medio de los aires de danza, precursores de nuestramúsica sinfónica. Véase la importancia de ese germen, que transformadopor el genio de los grandes compositores, va pasando por las distintasformas, fecundizándolas. El arte del pueblo ha sido, pues, factor deinnegable riqueza en la formación de las obras musicales. “Nuestropaís posee una música nacional, puesto que aquí hay compositores. Noes mi ánimo hacer un análisis de dicha música. Hagamos votos por quela juventud estudiosa y de real genio pronto ponga en alto el nombredel país en lo referente a la producción musical. “Tambiéntenemos música popular. Cuál es ella, de dónde proviene, y serán suselementos orgánicos aprovechables por el artista creador? “Primeramente quiero descartar una vez por todas la peregrina hipótesis del origen indígena de esta música. “Sabidoes que los pueblos de la más remota antigüedad tuvieron música.Egipcios, griegos, romanos, todos cantaron y todos tocaroninstrumentos, como lo revela la Historia y los bajorrelieves de losmonumentos. Natural es que los chibchas, como las demás tribus quepoblaron el continente americano, poseyeran alguna forma demanifestación musical, por rudimentaria que fuera. Pero si nadapuede afirmarse de modo positivo respecto del arte musical de aquellospueblos refinados de la antigüedad, porque no existe ningún documentosobre el cual se pueda fundar siquiera un concepto definitivo, quédecir de la música de nuestros aborígenes. Dónde hay un solo textomusical chibcha? Es infantil discutir el punto. La música chibcha, queprobablemente fue más bien ruido que música, se perdió para siempre,como se perdieron las riquezas del templo de Sugamuxi. Singular fueraque a estas horas se viniera a descubrir el arte musical chibcha,cuando no se ha descubierto siquiera una sola pieza literaria de esepueblo. La música floreció siempre en todas partes más tarde que lasotras artes; los chibchas no dejaron otra manifestación de arte sinolos tunjos rudimentales que todavía se suelen encontrar en los lugaresque habitaron esos antiguos moradores del país. “Decuándo data entonces nuestra música popular? Indudablemente de lostiempos coloniales. Todos estos aires, que son casi en su totalidad dedanza, son probablemente derivaciones y descomposiciones de airesespañoles. Acaso algunos tengan un origen africano. En todo caso elvalor melódico de estos aires es casi nulo; del armónico no hay ni quéhablar; su mérito reside en el ritmo. “Existecierta variedad en nuestros aires populares. Conozco algunos cuyosritmos de formación irregular, pudieran engendrar obras típicas por eseaspecto. Pero no se crea que todos los ritmos considerados comopropiedad nuestra, lo sean en realidad. Dos de los tipos másconocidos, el pasillo y el bambuco, se encuentran en obras decompositores europeos de distintas épocas y países. Por ejemplo, elscherzo del cuarteto op. 59 número 2, de Beethoven, es un verdaderopasillo, que al escucharlo por primera vez un novicio, no vacilaría enatribuirlo a algún autor nacional. (Ejecución). “He aquí otro scherzo de cuarteto también: el del segundo para cuerdas, de Borodin, que se diría un bambuco. (Ejecución). “Y qué decir de la serenata de Mefistófeles, de la Condenación de Fausto, de Berlioz? (Ejecución). “Tenemos,pues, tres trozos de autores de distinta nacionalidad: uno alemán,otro ruso y el tercero francés, y de épocas distintas, que atentancontra la propiedad nacional de ritmos que generalmenteconsideramos patentados por nosotros. Y no sería difícil encontrarotros ejemplos análogos. “Ahorabien, estas analogías no serían motivo suficiente para que seprescindiera del uso de un aire o ritmo popular. Aproveche a quien leplazca si de ellos puede sacar algún partido. No dan el pase quienesaquí preconizan a todo trance nuestra música nacional, nuestra músicaautóctona, según su nueva denominación, a cualquier danza, llámese fox trot o two step, tango o habanera?Para ellos lo esencial es que sea música fácil, trivial y de escriturarudimentaria. Hay como una guerra al arte serio, cobijando al que no loes con el inmaculado manto del patriotismo. Cómodo pero ingenuoproceder! “Elmás rico tesoro que conservan ciertos pueblos en cuanto a artepopular, es el repertorio de canciones. La canción, por su letra y porsu música, revela el alma del pueblo. Es una verdadera flor delfolklore nacional. “Endónde están nuestras canciones? En dónde esas melodías fáciles ysentidas que el niño aprende desde la cuna, y después en la escuela, ala par que el catecismo y la noción de patria? En dónde esasinspiraciones ingenuas, como los villancicos y redondillas, cobas ypeteneras de los españoles; como los aires del Jeu de Robin, lascanciones del Roi Loys, las pastourelles, todo ese repertorio de melodías francesas; como los strambotti, mattinate, barcarolle o marinare de los italianos; en fin, como esa gran variedad de cantos rusos: protiajnaia, khoravodnaia, svadebnaia, etc ? “Nosolo en la memoria de los pueblos se conservan estas canciones, dondequiera que existe la tradición musical, sino también enrecopilaciones y tratados impresos. El Romancero español fueeditado en el siglo XVI. En las obras de Luis Milán, Espinal, Miguelde Fuenllana y otros tantos vihuelistas más, figuran esos cantostípicos. Y lo mismo ocurre con la canción popular en casi todos lospueblos europeos. “Aquíes poco o nada lo que poseemos en este ramo, y ello no es extraño. Unpueblo nuevo no puede tener tradición artística propia. “Ahorabien, la melodía proviene de la palabra. Fue casi su traducción asonidos musicales cuando nació. El acento, su elemento primordial yvivificador, es el remedo, remedo sublime, del acento del idioma. Esclaro por consiguiente que la índole de la lengua debe forzosamentereflejarse en la melodía, y si españoles somos por el habla, españolesdebemos ser por la índole de nuestra modelía. “Llegóaquí el punto culminante de esta mal hilvanada plática: nuestratradición musical debemos buscarla en la madre patria. Allí está eltésoro que nos pertenece por herencia y que hay quienes se esfuerzan enbuscarlo en el caos indígena. Allí está, como también la tradición dela lengua y de las artes plásticas. “En1908 escribí desde París esta idea a mi bueno y nunca bien sentidoamigo don Felipe Pedrell. En contestación me dijo: ‘sus proyectos meinspiran avasalladora simpatía, pues son sólidos, bien razonados yjustos: la asimilación de nuestra tradición es salvadora para laAmérica Latina, porque llevará la sangre y el genio de la razaespañola a la raza noble, agradecida y bendita’. Los instrumentos nacionales “Para concluir quiero hacer una breve exposición respecto a los instrumentos que llamamos aquí nacionales. “Eltiple es una degeneración de la guitarra, o sea una guitarra sin lascuerdas mi y la. La guitarra, como la vihuela, a su vez provienen delantiguo laud, y aquella fue importada por los moros a España. “Sila misma guitarra no ha logrado conservar puesto de honor en laejecución de la música seria, y su uso, salvo raros casos, estárestringido a acompañamientos de música popular, a quién, le podríaocurrir proponer el empleo del tiple en obras efectivamente artísticas? “Inclusivecomo instrumento de acompañamiento, el tiple es rudimentario ydeficiente, y no puede siquiera llenar ese papel correctamente. Enefecto, es impracticable sobre su diapasón la armonía, sin pecarcontra los más elementales principios de la realización de los acordes.Su acorde, o sean sus cuerdas al aire, produce los sonidos re, sol, si,mi. Para poder dar la función de tónica en do, por ejemplo, se hace lacombinación de dedeo que produce mi, sol, do, mi, fatal realización,por estar la tercera del acorde, nota modal, duplicada, cosa reprobadacomo lo sabe el estudiante de armonía en su primera lección. La funciónde subdominante en ese tono tampoco es factible con la verdaderafundamental, fa, sin que se produzcan las octavas consecutivas máshorrendas; preciso es darla con una agregación de sexta. La función dedominante, por último, hay que tomarla siempre invertida. Y lo mismoacontece más o menos en los otros tonos, Si un acorde, como el de re,es de posible realización en buen orden, el inmediato ya no lo es. “Labandola es también una derivación de la guitarra, y como ésta existe enEspaña y en Italia. Tiene la pretensión de ser instrumento melódico. “Buenamelodía podrá producirse en un instrumento en que, para imitar laprolongación del sonido, hay que tremolarlo por medio de una pluma! Labandola es una mandolina afinada de diferente modo. “Sabido es el papel casi nulo de la mandolina en la buena música, exceptuados unos pocos trozos, como la serenata de don Juan. “Demanera que, nuestros instrumentos nacionales, son de origen español,como lo son nuestros aires de danza en su mayor parte. Algún día,cuando la inmigración al país viniera a ser muy numerosa, poco a pocopodría formarse aquí un arte popular propio, ecléctico por fuerza, comoproveniente de la mezcla de sangres y razas distintas. Mas si no esdeseable que sobreviniera con el andar de los tiempos, una corrupciónde la bella lengua de Castilla, tampoco lo sería la corrupción de lasformas populares del arte español. La idea musical “Reconocidaes la importancia de la idea en toda composición musical. La idea esel alma de la obra, su elemento primordial, y de ahí la larga y aúnpenosa elaboración de la misma en maestros tan sublimes como unBeethoven. “Laidea no se adquiere. El estudio más asiduo y más concienzudo no laprocura. Con ideas musicales se nace. Pero si es cierto que las ideasno se adquieren, el estudio sí las refina, y sin aquel las ideas sonletra muerta. “Porotro lado el genio es una ‘larga paciencia’, y especialmente en estesiglo en que vivimos, después de haberse escrito tántas bellas obras,quien intente producir con rapidez está expuesto seguramente a hacerobras sin interés ni originalidad. “Eluso del tema ajeno, y más si se trata de uno popular, esinnegablemente interesante, porque la obra en que se emplee tendrácierto ambiente especial. Mas el artista al usar de ese producto ajenodebe sublimarlo y darle un ser que le permita tratarlo en formaartística y durable. Sin esto, el empleo del tema ajeno, lejos de sermeritorio, es prueba de deficiencia por parte del compositor. “Escribamos,pues, con temas propios o ajenos, música de carácter universal onacional, pero música que tenga las condiciones por el arterequeridas. Como sabiamente lo enseña d’Indy, esas condiciones debenser: el carácter de enseñanza de la obra de arte, su duración y, sobretodo, su sinceridad, todo ello proveniente de la conciencia artísticadel compositor. El arte es sensibilidad: la escuela ha sido tachada defórmula y de convencionalismo. Pero no pretendamos libertarnos delestudio, apoyados en paradojas, o so pretexto del carácter popular onacional de nuestras obras. Aún la misma música ligera, la destinada albaile o al café, puede, debe ser escrita con pulcritud, y para ello seimpone el estudio, como se imponen la gramática y la ortografía parael buen uso de la lengua, aún en la redacción de algo sin pretensionespoéticas o literarias. El día que tenga Colombia una pléyade decompositores con instrucción sólida; el día que el genio musicalcolombiano tenga los positivos medios de manifestarse, ese día sípodremos ufanarnos de tener una música nacional de real valor, esté ono inspirada en los temas populares que podamos poseer”. Concierto musical en el Colón Comoargumento vivo en favor de la llamada música nacional, se ideó unespectáculo que hará época en los anales del Teatro de Colón, lugar,donde se verificó. Aprovechandolos organizadores del espectáculo en cuestión, la presencia de unabailarina extranjera que se encontraba en la ciudad, dispuestanaturalmente a ganar dinero en cualquier forma, se le comprometió aque tomara parte, creyéndose asegurado el éxito con las habilidadesde la danzante. Setrataba de una demostración del arte criollo, llevando a la escenaalgo como un ballet, a base de danzas y canciones, representativo de laleyenda chibcha del Bochica. Y fue aquello para hacer reír hasta almás serio. Personajes grotescamente disfrazados, figurando al héroe dela leyenda y a una tal princesa, imaginada para hacer figurar a labailarina; coros invisibles; el compositor de la música, de frac enel piano, sobre la escena, es decir, tomando parte en la acción; en elfondo un paisaje. La música consistió en una serie de bambucos ypasillos, ya cantados, ya danzados. Pero nada igual al desenlace, elmomento dramático y emocionante de la leyenda, cuando Bochica rompela roca y se desborda la catarata: se acercó el profeta al peñasco; logolpeó, y qué se vió? La fotografia del salto de Tequendama,invertida, aguas arriba, lo cual causó doble espanto a los chibchasdel escenario, del mismo modo que al público. En suma, certamenparecido no se ha registrado en la aldea más pobre del país. Severaestuvo esta vez la prensa para calificar este positivo escándalo depretendido arte, que puso en claro el poco celo oficial en relacióncon la categoría del Colón y la falta de carácter de la Dirección deeste Teatro. Pareceque semejante fracaso hubiera debido poner punto final a la literaturaen favor de la tal música nacional, pero no fue así: a raíz de estadespampanante aventura continuaron las letanías de alabanzas a esesupuesto arte, naturalmente combinadas con las de vituperios alConservatorio y su Rector. Porfin llegó un intervalo de descanso relativamente largo, para solaz delos abonados a los diarios, aburridos de tanta palabrería a través demito tan falto de interés, y para tranquilidad de los músicos, quienesno tuvimos que seguir perdiendo el tiempo en contestar estulticies yprobar verdades sabidas en todas partes.
[1] Guillemo Uribe Holguín, Vida de un Músico Colombiano, Editorial: Librería Voluntad, S. A. Bogotá, 1941, págs. 127-142. [2] Guillermo Uribe Holguín (1880 –1971) músico y compositorcolombiano. [3] Uribe Holguín Guillermo, Conferencia Sobre la música colombiana dictada en el Conservatorio el 3 de agosto de 1923, reproducida en una revista musical de la época. Obra Musical de Guillermo Uribe Holguín Trece obras sinfónicas, entre las cuales se destacan: Sinfonía del terruño op. 15; Bochica, poema sinfónico op. 73; Tres ballets criollos op. 78; Ceremonia Indígena (Himno a Zúa y danza ritual). Tres conciertos: dos para violín y orquesta op. 64 y 79; y el concierto llamado A la manera antigua. Veintitrés obras de música de cámara, entre las que se destacan seis cuartetos de cuerdas, op. 12, 19, 63, 86, 87 y 90; Seis sonatas para violín y piano, op. 7, 16, 25, 39, 59 y 75; Dosquintetos para piano y cuarteto de arcos, op. 31 y 66, un divertimentopara flauta, arpa, corno y cuarteto de cuerdas, op. 89. Entre sus obras corales se cuentan dos canciones para coro mixto a capella: Canción de la Paz y Día de la siembra. Dentrodel panorama de su música religiosa se destacan su Réquiem para coro yorquesta, op. l7; Improperia para barítono y orquesta, op. 65 y unaMisa para coro a capella de niños y voces de varones. |
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